La conmemoración del natalicio del Dr José María Vargas y la celebración del día del médico el 10 de marzo, es fecha propicia para recordar a otros importantes galenos venezolanos, que han puesto en alto el nombre de nuestro país, incluso, en fecha muy reciente.   

En el argot popular, se dice que nuestro país tiene el mejor chocolate, las mujeres más bellas y los mejores Short-Stops. Sin embargo, hay una profesión que nos hace brillar  dentro y fuera del país y que, sin desmerecer el esfuerzo de quienes trabajan el cacao (el mejor del mundo); la innegable hermosura de nuestras representantes de belleza y la excelencia de nuestros peloteros; nos llena de muchísimo orgullo, por ser además de altruista, de las más necesarias en el planeta: la medicina.

Es oportuno en el mes de marzo, recordar los nombres de algunos médicos venezolanos que enorgullecen nuestro gentilicio y que no sólo forman parte de nuestra historia, sino que  son pilares de nuestra medicina contemporánea.

  • José María Vargas: guaireño nacido el 10 de marzo de 1786, obtiene su grado de bachiller, licenciado y doctor en medicina en 1808 y en 1813, en Edimburgo, cursa estudios de cirugía, química, botánica, anatomía y odontología. En 1825 se incorpora a la Universidad Central de Venezuela (UCV) como profesor de Anatomía y es electo rector en 1827, convirtiéndose en el primer médico en ocupar ese cargo. Ese año funda la Sociedad Médica de Caracas en 1834 es electo presidente y luego de un breve exilio a consecuencia de un estallido de la llamada Revolución de las Reformas, continúa hasta 1836, año en el que renuncia y se dedica de manera exclusiva a la docencia. Continuó sus clases de anatomía y cirugía en la UCV y además, funda la cátedra de Química en 1842. Preside la comisión encargada de exhumar en Santa Marta los restos del Libertador y conducirlos de regreso a Venezuela. Fallece en Nueva York, el 13 de julio de 1854 y sus cenizas son sepultadas en el Panteón Nacional el 27 de abril de 1877.  
  • José Gregorio Hernández: conocido como el médico de los pobres, fue declarado “Venerable” por el papa Juan Pablo II en 1986, pues se le atribuyen más de 40 testimonios catalogados como milagros por la iglesia católica, dentro y fuera de nuestro país. Nació el 26 de octubre de 1864 y recibe su título de medicina en junio de 1888. Luego, se marcha a París, donde profundiza en las áreas de microbiología, histología normal, patología, bacteriología, entre otros y en 1891 regresó a Venezuela para comenzar su actividad como docente en la UCV, donde funda las cátedras de Histología Normal y Patológica y Fisiología Experimental y Bacteriológica. Es considerado el impulsor y pionero de la verdadera docencia científica y pedagógica y en la enseñanza del uso del microscopio en Venezuela, instrumento que trajo de Francia. Su profunda fe católica lo impulsa a interrumpir su carrera docente en 1908 e ingresa a un monasterio de clausura en Italia, pero regresa enfermo a Venezuela en abril de 1909 y entra en el Seminario de Santa Rosa de Lima. Durante el cierre de la UCV en 1912 intenta nuevamente la vida monacal y se embarca a Roma, pero regresa por una afección pulmonar. Fallece el 29 de junio de 1919 al ser atropellado por uno de los pocos vehículos que se encontraban en Caracas.
  • Jacinto Convit: nacido en Caracas el 11 de septiembre de 1913, en el año 1932 ingresa a la escuela de Medicina de la UCV y recibe su título de Doctor en Ciencias Médicas en septiembre de 1938. Su desempeño sanitario-epidemiológico inicia en 1937 cuando como estudiante es invitado a asistir a la leprosería de Cabo Blanco y posteriormente es designado médico residente de ese centro. A partir de este momento es prácticamente imposible separarlo de la lucha contra la Lepra en Venezuela. En 1945 es nombrado médico director de las Leproserías Nacionales; de los Servicios Antileprosos Nacionales y médico jefe de la División de Lepra. Entre 1961 y 1989 convit invierte un gran esfuerzo en la búsqueda de un modelo experimental para la cura de la lepra y ese junto a su grupo de investigadores desarrollan una vacuna que podría ayudar a las personas que hubieran contraído la enfermedad. Posteriormente, declara que era viable el uso de esta vacuna para la cura tanto de la lepra como de la leishmaniasis. Su valiosísimo aporte le valió la nominación al Premio Nobel de Medicina, entre muchos otros reconocimientos nacionales e internacionales.  En 1996 se retira un poco de los laboratorios clínicos y fallece en Caracas el 12 de mayo de 2014 a la edad de 100 años.
  • Humberto Fernández Morán: maracucho nacido el 18 de febrero de 1924, estudió medicina en la Universidad de Munich, graduándose summa cum laude en 1944. A los 8 mese de graduado regresa a Venezuela y revalida su título en la UCV, ejerciendo por un corto período en el Hospital Psiquiátrico de Maracaibo. Entre 1945 y 1951 realiza múltiples estudios en prestigiosas instituciones en Estados Unidos y Suecia en las especialidades de neurología, neuropatología, micrología e investigación celular y genética. A su regreso a Caracas, en 1954 funda el Instituto Venezolano de Neurología e Investigaciones Cerebrales, crea la Biblioteca Científica de Latinoamérica y se instaló el primer reactor nuclear de Latinoamérica. En 1955 patenta el bisturí de diamante y en 1958 es nombrado Ministro de Educación y al ser derrocado Marcos Pérez Jiménez, sale al exilio a los Estados Unidos y fue contratado por la Universidad de Chicago donde concibió y desarrolló el “ultramicroscopio electrónico de alta resolución” en el año 1960. En 1967 recibe el premio Vovain por su invento de 1955, el bisturí de punta de diamante y en 1970 es contratado por la NASA para trabajar en el proyecto Apolo en el análisis físico-químico de las rocas lunares. Fallece en Estocolmo, en marzo de 1999 y sus cenizas reposan en El Cuadrado, cementerio de su ciudad natal, Maracaibo.

La interesante vida de estos galenos venezolanos, nos llena de orgullo y satisfacción y nos invita a celebrar la historia de la medicina, como una profesión que traspasa fronteras, incluso de la salud. Son sólo algunos nombres entre muchos otros, que, incluso hoy en día, dedican sus vidas a la investigación, búsqueda y aplicación de soluciones que nos permitan tener una larga y sana vida. A ellos, nuestra gratitud y reconocimiento.

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